• Vida

5 helados para el corazón y 5 libros para la mente de un niño

  • Por Roberto Guevara
08 de febrero de 2019, 06:02
Conoce cinco lugares en Guatemala donde podrás probar estos deliciosos helados y conoce, también, con qué libros podrías acompañarlos. (Foto: Pixabay)

Conoce cinco lugares en Guatemala donde podrás probar estos deliciosos helados y conoce, también, con qué libros podrías acompañarlos. (Foto: Pixabay)

Claro que no se puede competir con un recuerdo (en mi niñez, la felicidad era un helado VIPS con un libro en la mano), pero estos son mis cinco helados favoritos en Guatemala, y cinco libros que me los recuerdan.

5: Morenita de Foremost. Como “Los cuatro grandes” de Agatha Christie. Deliciosa y entretenida, confiable y con un sabor a galleta que no he encontrado en ningún otro lugar. Chocolate con más azúcar de lo que los nutricionistas deberían permitir, pero constante a la hora de pasar frente a la casa. Porque las cosas y las historias sencillas, pero buenas, siempre nos hacen regresar.

Helados y libros

4. Affogatto de Café libre

Intenso en sus contrastes, pero con ingredientes de absoluta calidad. Como “Oliver Twist” de Dickens. Vale la pena desviarse de las calles principales en Cayalá para buscar este café con helado de vainilla. Solo cuiden que el último bocado sea de helado, no de café, o corren el riesgo de arruinar su postre (o su visión del mundo en la vida adulta) como Dickens.

3. Dolce Gelato, Panajachel

 Probé este helado recientemente en su sucursal de San Marcos La Laguna. Como íbamos en plan explorador con toda la familia, pude probar varios sabores, e inmediatamente pensé en “El Principito” de Saint-Exupéry. Dulzura al extremo que te hace olvidar los problemas por un momento, y recordar que la vida es de pequeños instantes. Me cuentan que la familia de la dueña italiana de esta heladería tiene más de cien años haciendo helados, así que algo deben saber. Tienen también una sucursal en Panajachel.

2. Helado de vainilla de Hectors Bistro

Cuando lo probé (la receta incluye aceite de oliva y sal negra de Huehuetenango) me dijeron que nadie queda indiferente a él. Me recordó al personaje de Impey Barbicane en “De la tierra a la luna”, de Julio Verne. El primer bocado es el difícil, pues el paladar no está acostumbrado a tal combinación de sabores, pero recordemos que a la lengua (y el cerebro) hay que retarlos para sacarles el máximo de sus posibilidades. Una vez superado ese bocado, se abre todo el otro de la luna. (Para saber lo que hay allí van a tener que leer “Alrededor de la luna” que es la segunda parte del libro de Verne).

1. Sobremesa, Antigua

Por lo menos he ido a esta, que es mi heladería favorita, unas 50 veces durante los últimos tres años. Y cada vez me pasa lo mismo que me pasaba en mi infancia con la enciclopedia “El libro de nuestros hijos”. Siempre hay algo nuevo. Para mí probar un Mono Bolo (vainilla con tequila), 5x (5 chocolates distintos), o un Doble Secreto (ese no les digo de que es), es tan gratificante como lo fue en mi infancia recorrer tiempos y espacios infinitos de la mano de esa enciclopedia.

Les agradezco la paciencia de haber llegado hasta acá, espero seguir contándoles de las cosas que hacen mas rica mi vida, en esta columna gastronómica que no se trata de comida. Y a mi abuelo: ¡Gracias! y un abrazo hasta el cielo.

* A Roberto Guevara, mi querido abuelo materno, y cuyo nombre orgullosamente tomo para propósitos de escribir estas columnas, debo una infancia más dulce a través de incontables helados, y más rica, a través de incontables tardes leyendo en su casa de San Salvador.

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