Un disparo en el pecho, todos los días Guatemala

La muerte de este hombre consternó al apacible barrio de la Simeón Cañas. (Foto: Jorge Sente/Nuestro Diario)

La muerte de este hombre consternó al apacible barrio de la Simeón Cañas. (Foto: Jorge Sente/Nuestro Diario)

Un hombre se dispara en el corazón. Otro se lanza bajo las llantas del transmetro. Entre uno y otro hay apenas un mes de diferencia y entre ambos un enorme silencio que nos aplasta como sociedad.

Hemos aprendido a hablar sobre temas que antes eran impensables. Podemos hablar con nuestros padres sobre violencia sexual, condones, discriminación y racismo, matrimonio igualitario y legalización del consumo de ciertas sustancias: se han abierto rutas hacia la ruptura de temas tabú. Pero hay uno gigante que ni mencionamos.

El suicidio es un tema que como sociedad se nos sigue yendo de las manos. Depende desde donde se vea hay varias formas de entenderlo pero ninguna es abierta, pública. El suicidio es una realidad palpable y vigente en nuestra sociedad y sigue siendo un silencio incómodo, un escalofrío en todo el cuerpo.

La semana pasada este hombre desesperado llegó a la Avenida Simeón Cañas. Caminó por debajo de los árboles de eucalipto que la resguardan y luego se disparó en el pecho. Dentro de su mochila había una carta en la que el señor se despedía afirmando que estaba enfermo y no tenía cómo pagar sus medicinas. ¡Desgracia!

¡Vaya desgracia!, uno puede entender perfectamente la desesperación que implica tener alguna enfermedad complicada -o no- y elevar la angustia a niveles insoportables. De nuevo la falta de oportunidades nos empuja siempre a la orilla del precipicio.

Se recordarán ustedes cuando hace algunos años colocaron una malla de contención en el puente del Incienso. ¿Para contener qué, el miedo, la vida, la angustia, la desigualdad?

De nuevo, uno vuelve al instante previo en que alguno de estos suicidas cercanos ha decidido quitarse la vida y podemos sentir y entender ese vacío inmenso. Ser guatemalteco es ser sobreviviente y de sobrevivir puede llegar uno a hartarse.

Y sabemos que estas muertes serán indiferentes para el gobierno. Sabemos, al final, que los suicidas encontrarán en su silencio abismal una calma que acá no encontrarían de ninguna manera, y si algo ha sabido hacer el poder en Guatemala, el presidente, los diputados, muchos grandes empresarios, es  mirar para otro lado ante la muerte inminente de quienes sostienen a este país: la clase trabajadora.

Un hombre se disparó en el pecho, otro hombre se lanzó bajo las llantas del transmetro y el gobierno concentrado en sacar a Iván Velásquez y proteger a los suyos. Qué bestias.   

Descansen en paz, hermanos que se quitaron la vida, comprendemos su angustia. Les abrazamos desde el otro lado del puente.

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26 de febrero de 2018, 16:02

*Las opiniones publicadas en las columnas son responsabilidad de su autor, no de Soy502
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