Las elecciones han servido para que los candidatos se hagan ricos

A nadie nos sorprendió el descaro que tuvieron Alejandro Sinibaldi y Manuel Baldizón para exigir sobornos a la empresa Odebrecht, a cambio de concederle obra pública con pago garantizado.

Claro está que no habrá que eliminar la responsabilidad de Odebrecht, empresa brasileña que tuvo las mismas prácticas de corrupción en toda Latinoamérica.

Con el Caso TCQ, se evidenció que Otto Pérez Molina inició ese negocio ilícito desde antes de asumir la silla presidencial. Sin embargo, al menos ya había ganado las elecciones. En el caso de Odebrecht, Baldizón logró recibir los sobornos engañando a los brasileños, al asegurar que él sería el próximo presidente de Guatemala.

Tal y como venía sucediendo en las últimas elecciones, el candidato que había perdido en la segunda vuelta de los anteriores comicios, quedaba electo cuatro años después. Baldizón llegó al colmo del descaro al lanzar su campaña “Le toca”, como que si ello fuera una ley de la naturaleza. 

Baldizón se presentó ante Odebrecht como el futuro presidente de Guatemala y su cómplice en el engaño fue el mismo Alejandro Sinibaldi, quien también aspiraba a ese puesto. En septiembre de 2014, un año antes de las Elecciones Generales, el entonces partido oficial lo había proclamado como su candidato, lo cual terminó en incurrir en campaña adelantada, la destitución de Roxana Baldetti como secretaria general y, finalmente, la cancelación del PP. 

Pero ante los sucesos de abril de 2015 con el Caso La Línea, Sinibaldi habría llegado a un acuerdo con Baldizón para que el candidato de Lider gobernara el país por cuatro años. Luego, Sinibaldi se postularía en el 2019 para la presidencia.

El plan solo ocurrió en sus cabezas, porque Baldizón quedó lejos de la silla presidencial e incluso quedó relegado a una tercera posición.

Pero no creo que tan solo Otto Pérez, Sinibaldi y Baldizón hayan utilizado sus candidaturas y probables triunfos como garantía para empezar a hacer negocios turbios, desde antes de asumir. Seguramente, el ser candidato presidencial, aunque sea del partido con menos posibilidades en la contienda, significa tener carta blanca para pedir dinero, el cual los “financistas” otorgan sin pedir constancia ni cuentas claras, la mayoría de veces por temor a represalias del candidato en caso resulte ganador. 

Y no solo los presidenciables; candidatos a diputados y candidatos a alcaldes o concejales, han de tener estas prácticas extorsivas, solo que a nivel regional, es decir, en sus departamentos o municipios.

Iván Velásquez ha dicho que el financiamiento ilícito es el pecado original de la democracia en Guatemala y espero que con estos casos, los empresarios y las organizaciones que habitualmente colaboran con los candidatos (incluso si éstos no tienen posibilidades reales) dejen de darles un cheque en blanco, esperando un favor cuando lleguen al puesto o por simple temor a represalias. 

Más de Mario Cordero:

25 de enero de 2018, 17:01

*Las opiniones publicadas en las columnas son responsabilidad de su autor, no de Soy502
cerrar