Miami Beach y las vistas que disfrutan los corruptos

Vistas como esta, en Miami, son las que acaban perdiendo a los corruptos latinoamericanos. (Foto: Louisa Reynolds)

Vistas como esta, en Miami, son las que acaban perdiendo a los corruptos latinoamericanos. (Foto: Louisa Reynolds)

El domingo pasado desperté en un penthouse grande y luminoso. Me gustaban los muebles, modernos y minimalistas y cómo el color blanco de las paredes y suelos acentuaba la luz intensa que entraba por las persianas entreabiertas e inundaba las habitaciones. Si pudiera diseñar mi apartamento ideal, sería así: un enorme cubo de luz.

Subí descalza las escaleras y empujé la puerta de vidrio que conducía a la terraza. Dejé que la calidez del aire me envolviera.

En medio de la terraza había un jacuzzi rectangular. Con los brazos apoyados sobre la baranda, me quedé un tiempo contemplando la vista: la playa de arena blanca, las palmeras que ondeaban suavemente en el viento y los corredores que habían salido temprano para hacer ejercicio. 

Desde el lado opuesto de la terraza se divisaban, en el horizonte, enormes rascacielos, algunos todavía en construcción. Nadie adivinaría que una semana antes, Miami había sido fuertemente azotada por el huracán Irma, dejando a nueve de cada diez habitantes sin luz ni agua durante varios días.

Aquí, en la zona más exclusiva de la ciudad, las autoridades locales se habían apresurado a restablecer estos servicios básicos, limpiar las calles y recoger los árboles caídos, antes de que regresaran los propietarios de los condominios. Leí en la prensa, unos días antes de llegar, que más de alguno había escapado de la catástrofe en un jet privado, no sin antes subir la foto a Facebook, por supuesto. 

“¿A qué se dedica el dueño de este lugar?” había preguntado uno de los nueve periodistas con quienes había llegado la noche anterior. Todos éramos becarios de una fundación periodística estadounidense. “No lo sé, pero seguro que periodista no es”, respondí. “Maneja un fondo de capital privado”, dijo alguien más. 

Mientras contemplaba los enormes rascacielos, cada uno con centenares de ventanas, me preguntaba en cuál de ellos se encuentran los costosos apartamentos del exministro de Energía y Minas, Erick Archila, señalado de corrupción y con orden de captura de Interpol, y por dónde queda Coral Gables, donde se ubica la mansión del expresidente panameño Ricardo Martinelli, también prófugo y con orden de captura por cargos de corrupción.

Así que esto - un penthouse bañado en luz con vista al mar en un edificio con diseño art deco –es el llamado “sueño americano”, pensé. Y por esta vista hay quienes están dispuestos a matar, a saquear, y a terminar recluidos en la cárcel y con una orden de extradición.  

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*Las opiniones publicadas en las columnas son responsabilidad de su autor, no de Soy502

24 de septiembre de 2017, 05:09

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