La Plaza

Los guatemaltecos volvieron a la Plaza luego de que se supiera que Jimmy Morales pretende expulsar a Iván Velásquez de Guatemala. (Foto: Soy502/Wilder López)

Los guatemaltecos volvieron a la Plaza luego de que se supiera que Jimmy Morales pretende expulsar a Iván Velásquez de Guatemala. (Foto: Soy502/Wilder López)

El parque central es uno de mis lugares favoritos de la ciudad de Guatemala. La plaza es una especie de versión micro del país entero. Ahí está todo, en un mismo espacio, conviviendo, tensando, sucediendo: ahí cabemos todos, digamos.

Pasa con este lugar que es de los pocos espacios de libertad que tenemos, a diferencia de la mayoría de parques municipales que los cierran a las 6 pm, y que nunca he preguntado por qué los cierran, pero seguro van a decir que por seguridad, que para que no destrocen los jardincitos, qué sé yo, es la versión pública del juguete que te obligan a tener guardado en su empaque “para que no se gaste”.

En ese sentido, la plaza es una especie de columpio en medio de todo, el columpio del kilómetro cero, y hay para todos.

Uno ve, depende del día, ventas de textiles, vendedores ambulantes, merolicos que venden sus pociones mágicas que curan desde la gingivitis hasta las hemorroides. Camina uno por la plaza y se encuentra cabras, funcionarios públicos, ciudadanos manifestando, artistas, niños corriendo palomas, algún delincuente de poca monta y otros de cuello blanco que, ya hemos visto, si nos descuidamos terminan gobernando el país… de nuevo.

Han sido días demasiado agitados para Guatemala, y algunos hemos vuelto a la plaza para manifestar nuestro enojo, nuestra frustración ante el callejón en el que una y otra y otra vez nos vemos. Algunos hemos regresado a ese kilómetro cero a sentir que es posible tener un país en el que la corrupción y el chanchullo no sean la norma. 

Quiero insistir en que somos solo algunos, y aunque quisiéramos que fuera el país entero el que manifestara su disconformidad, me queda muy claro que este país son demasiados países al mismo tiempo y que no es que no podamos ponernos de acuerdo, que ha pasado pocas veces, pero ha pasado (recuerde el paro nacional del 27 de agosto de 2015, por ejemplo); sino que hay demasiadas heridas abiertas y fuegos prendidos simultáneamente y nos traga la sobrevivencia como una bestia hambrienta.

Ante estos momentos de incertidumbre en los que el representante de la unidad nacional (el Presidente de la República) se porta como un adolescente que entra somatando las puertas para encerrarse en su cuarto,  y no, no es su cuarto, es el país, es oportuno hacer una pausa y pensar. 

No creo equivocarme en que todos estamos de acuerdo en exigirle al Presidente que haga su trabajo, como todo el mundo, cada uno a lo suyo, no dejamos de trabajar.

Aunque algunos en la plaza le exijamos la renuncia y otros prefieran su permanencia, sí estamos de acuerdo en exigirle al presidente, sin corrupción ni chanchullo, ¡trabaje!

Más de Julio Serrano Echeverría:

*Las opiniones publicadas en las columnas son responsabilidad de su autor, no de Soy502

29 de agosto de 2017, 12:08

cerrar