El vecino ingrato

El intento de expulsar al Jefe de la CICIG, Iván Velásquez, ha debilitado la autoridad del presidente Jimmy Morales. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)

El intento de expulsar al Jefe de la CICIG, Iván Velásquez, ha debilitado la autoridad del presidente Jimmy Morales. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)

Todos hemos tenido uno, o lo hemos sido. Ese ingrato y desagradable vecino que, en principio, es un hombre o una mujer común, digamos, cordial, amable si se quiere, pero que desde el día que nos mudamos –o se muda él o ella- ya empieza uno a sospechar que tarde o temprano todo se va a ir al carajo.

Todo empieza con un detallito, una tontera, al vecino ingrato le da curiosidad a qué te dedicás y te interpela en el pasillo, cualquiera que sea tu respuesta va a provocar la misma reacción en él o ella “mmmmmm”, y te mira de pies a cabeza y sigue su camino al mejor estilo del Doctor Chapatín. De ahí en adelante todo es sospecha, todo es silencio incómodo y empiezan, ya de verdad, los ataques.

Deja la bolsa de basura en tu puerta. Su perro ensucia el arriate. Se queja con la administración del edificio de que tus hijos ríen mucho y somatan los pies “vayan a ser felices a otro lado”, le dice al encargado pero a vos te dice “buenas tardes” y sonríe. 

Te toca la puerta porque la música está muy alta. Te vuelve a tocar la puerta porque hay un olor extraño, “como a basura” dice, y sospecha de tus hábitos de higiene. Mira con desdén a tu familia, a tu pareja. A tus amigos los mira con odio, así, a secas.

Si estás construyendo, el vecino ingrato es una bestia feroz –o si él está construyendo-, esa joya construyó su pared sobre la tuya, no podés botar la pared porque se viene encima el vecino con todos sus perros de caza que te va a tirar, llama a la Muni para decir que estás haciendo algo sin licencia, o a la policía para insistir en que lo tuyo es ilegal, te hace la vida imposible con todo lo que tiene a la mano o con nada, es decir, una vez lograda la enemistad es insostenible la convivencia.

En la junta de vecinos se queja de todo, no paga o cobra de más. Ya todo el mundo sabe que el vecino ingrato es intocable, pero no por peligroso –que los hay-, sino por guácala, pereza, rabia, todo junto, nadie quiere saber nada de ese vecino que se parquea justo frente a tu garaje obligándote a dar mil giros para poder entrar o salir.

Y te toca vivir con ese vecino todo el tiempo que estés ahí, varios años seguramente. Hay algo que hacer. Ojalá funcione sentarse. Ojalá se nos pase la rabia y podamos, entre todo el vecindario, explicarle a este vecino ingrato, señor Jimmy Morales, mire pues, acá vivimos todos y usted no puede encapricharse, no puede dejar su basura en la puerta de alguien más, tiene que recoger el popó del chucho, ya, bajémosle al pataleo, veamos como salir de esta, ¡carajo!

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05 de septiembre de 2017, 05:09

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